Interpretación Histórica

 

 

 

CONTEXTO HISTÓRICO


El yacimiento de La Rumina (Mojácar) se localiza en una zona que durante época Altoimperial experimentó un notable crecimiento socioeconómico sustentado principalmente en la explotación de los recursos de la zona: la metalurgia, las salinas y los salazones. Consecuencia de esto fue el desarrollo y creación de puertos y fondeaderos a lo largo de toda la costa almeriense que diera salida a los productos y actuase como centro redistribuidor.

Ya en los primeros momentos de la dominación romana, en el siglo II a.C., existieron importantes núcleos de población e industriales, como es el caso de Baria (Villaricos); además la civilización romana pudo penetrar con facilidad debido al alto grado de desarrollo urbanístico y socioeconómico de este territorio. Sin embargo, el verdadero esplendor llegó tras la guerra civil entre el segundo triunvirato, con la paz de Augusto.

A partir de inicios del siglo I d.C, consolidada ya la dominación política y la explotación del territorio por parte de Roma, y ante la creciente demanda de la capital del Imperio de determinados productos de los que era el principal productor el levante peninsular, se inicia una política de potenciación de la producción y sobre todo del comercio con las provincias hispanas, desarrollándose una importante red de fondeaderos y sobre todo impulsando el crecimiento de los puertos ya consolidados. Es el caso de algunos centros portuarios almerienses, como Roquetas de Mar o Murgi, o de otros cercanos, como Cartago Nova, o Mazarrón, donde recientes dragados del puerto han aportado una enorme cantidad de cerámica fechable en época altoimperial y que extiende la actividad económica de este puerto cercano a los fondeaderos almerienses a una cronología que coincide en buena parte con la de los yacimientos terrestres de la actual provincia de Almería.

El interés de Roma por este territorio tiene varias explicaciones pero quizás la más importante sea la causa que motivo buena parte de la política expansionista de Roma: la explotación del territorio conquista.

La zona había sido de gran relevancia económica ya desde la prehistoria, pero sobre todo en los momentos de dominación cartaginesa, previos a la segunda guerra púnica. Su riqueza minero metalúrgica, así como sus salinas, habían sido objeto ya de comercio en época púnica. Prueba de ellos es el hallazgo de diversas ánforas púnicas en lo que más tarde sería importantes fondeaderos y centros portuarios romanos: es el caso de Villaricos, Los Bajos de Roquetas, Punta Entinas, Guardias Viejas y Adra , que si bien debemos considerar que su escasa proporción en comparación con los hallazgos de otras zonas no evidencian un tráfico comercial comparable al de época romano, si están documentando ya una explotación del territorio, en concreto de sus salinas, ya que la tipología de los hallazgos corresponden a recipientes de transportes de salazones , especialmente cárnicos.

El proceso romanizador del Sureste peninsular y toda Andalucía en general, se vio potenciado pues por el importante grado de desarrollo alcanzado por los pueblos autóctonos al que no eran ajenos agentes fenicios, griegos y púnicos. La existencia de una consolidada estructura urbana fue uno de los elementos que permitió el mayor grado de asimilación del modo de vida romano . Tras la conquista romana, el territorio no sufrirá demasiadas modificaciones en lo que se refiere a la continuidad de sus principales centros portuarios y fondeaderos. El impulso llegará a partir de época augustea, cuando se potencien los puertos y fondeaderos de la costa peninsular y en este caso los de la actual costa almeriense.

Al mismo tiempo que ocurre esto, los territorios situados al interior experimentan un importante dinamismo económico como consecuencia del auge del tráfico marítimo. Se crearon multitud de enclaves costeros, dependientes en buena parte de estos, que actuaron como centros secundarios de redistribución y dieron acceso a la exportación a las producciones excedentarias locales . Entre estas producciones locales hemos de destacar los salazones, los productos metalúrgicos y otros productos minoritarios, pero de gran demanda como la púrpura , y que además impulsaba industrias subsidiarias como la ceramista y la salinera .

La exportación de los productos, la continua navegación del litoral, paso obligado desde la Bética a Roma, pone de relieve la necesidad de asentamientos costeros que sirvan de apoyo a dicha navegación demás de cauce natural para la salida de sus productos

Entre estos enclaves hemos de destacar los siguientes por su proximidad con el alfar de La Rumina:

-Abdera, la antigua Adra, ya fue un importante puerto en época fenicia y púnica, siendo un importante centro de exportación marítima y núcleo de comunicaciones, que sirvió como lugar de redistribución, tanto de las producciones y manufacturas locales, como de los productos procedentes de la exportación.

-En Baria el hallazgo de piletas de salazones fechables en el siglo IV d.c, atestigua una continuidad industrial desde época púnica hasta época bajoimperial. Fue quizás uno de los puertos más activos de la zona.

-Murgi, con su puerto de Guardias Viejas, la actual localidad de El Ejido, fue también un importante centro económico dedicado a la explotación de salinas destinadas a los salazones. Localidad costera, junto a una importante vía de comunicación, fue un centro receptor de algunas de las producciones cerámicas locales . Utilizado en el tráfico a mediana distancia, la importancia de su comercio queda evidenciada por el material ánforico recuperado en la ensenada de San Miguel

-La importancia de un yacimiento hallado en Roquetas de Mar, está evidenciada por los diferentes hallazgos arqueológicos que tienen lugar desde fines del siglo XIX. Los trabajos arqueológicos permitieron determinar la existencia de capitales y fustes de columna, ánforas, lucernas, así como estructuras situadas a orillas del mar formando muros o montículos artificiales industria de salazones y un alfar cerámico. Además la existencia de estratos que documentan industrias de salazones de pescado, junto con escamas y espinas ponen de manifiesto la importancia de esta industria en toda el área del sudeste peninsular.

Más que la existencia, es la creación de nuevos fondeaderos y el impulso de estos centros portuarios ya existentes, los que atestigua la importante actividad económica que durante época altoimperial dinamiza la zona, ya que los puertos en este momento eran además de refugio para los barcos, y centros de venta o redistribución de productos, sede de los collegia o corporaciones profesionales romanas, así como poblaciones propensas a recibir nuevos habitantes del interior.
Sin embargo, los cambios en la línea de costera en la Andalucía mediterránea e la escasez de referencias en las fuentes clásicas antiguas impiden conocer mejor esta serie de establecimientos.

Reflejo de esta actividad es la existencia de otros yacimientos, de menor entidad que los citados anteriormente. Así, el yacimiento de la Rambla de los Terreros, permite esbozar las relaciones comerciales que se llegaron a establecer con otros asentamientos mayores o la naturaleza de los intercambios comarcales o regionales. Algunas de las cerámicas halladas en las excavaciones llevadas a cabo en este yacimiento son idénticas a las documentadas en el alfar de la Rumina de Mojácar.

Este yacimiento costero tendría una importante relación con otros núcleos próximos (Barranco de la Ciudad, Torrecita) o con el ya citado alfar de La Rumina, manteniendo una estrecha vinculación económica con ellos, componiendo todos ellos un único espacio de relación complementaria.

En definitiva, el mencionado intercambio de materias primas encuentra justificación en el estudio de cada yacimiento. De una parte podían servir para embarcar productos agrícolas, para lo cual se situaban próximos a grandes extensiones propicias a su cultivo (Campo de Dalias con Murgis, y Turaniana, Campos de Vera con Baria). O a menos de cinco kilómetros de poblaciones o villas con posibilidades de cultivo (Rambla de los Terreros y Cañada del Hinojar en Mojácar, Toregarcía en Almería , Cadima en Turre, …etc).

La explotación de las salinas fue igualmente considerable ya que al menos dos importantes asentamientos se localizan junto a ellas y producto de su excavación se ha atestiguado estructuras vinculadas a la industria del salazón (Murgis). De este modo, factorías de salazones han aparecido al menos en Murgis, Guardias Vieja, Cuevas de la Reserva (Roquetas), Abdera, Almería, Torregarcía y Baria .

En tercer lugar, la explotación de minas y canteras ha contado con numerosos hallazgos arqueológicos (Sierra de Dador, Sierra de Alhamilla, Sierra Almagrera). En el caso de nuestra zona, la presencia de los ríos de cauce intermitentes de Antas, Aguas y Almanzora, zona de gran riqueza minerometalúrgica, explotada ya desde épocas prehistóricas, fue aprovechada para desplazar el pesado metal a la zona del litoral, siendo especialmente interesante el cauce del Almanzora

Por último tendríamos los alfares, centros productores de manufacturas cerámicas, como el de La Rumina, que para Cara Barrionuevo muestra una manufactura relacionada con producciones locales, quizás del tipo alimentario .
Los contextos cerámicos de La Rumina enmarcan este yacimiento en fechas similares a la de todos los yacimientos citados, siglo I-II d.C. El alfar estaría pues fuertemente relacionado con villas cercanas, como Rambla de los Terreros o Cañada del Hinojar, establecimientos rurales que se abastecerían de sus producciones para la cocina o el almacenamiento. Por otra parte, la existencia de cerámica fina en el alfar, en concreto de terra sigillata aretina, evidencia la inclusión del alfar de la Rumina en las rutas comerciales que por una parte abastecerían todo este tipo de pequeñas industrias desde los centros portuarios redistribuidores y por otra se aprovecharía del importantísimo tráfico comercial que desde la Narbonense, y por toda la costa mediterránea llegaba hasta el Norte de África.

A partir del siglo III d.C, la progresiva disminución de la actividad de la zona, generalizada en buena parte de las provincias del Imperio, se dejó sentir de forma especial en el sureste de la Península Ibérica. Junto a este, las sucesivas invasiones de pueblos norafricanos, provocó una importante contracción de la actividad económica y el progresivo declive de algunos centros portuarios e industriales. Es en este contexto en el que hemos de ubicar la desaparición de la actividad productora del alfar de La Rumina.

Durante estos siglos, no decae completamente la actividad económica pues la industria de salazones de Baria sigue produciendo, el cercano puerto de Mazarrón sigue recibiendo productos de todas las partes del Imperio hasta bien entrado el siglo VI d.C y en las localidades de Roquetas de Mar, Guardias Viejas y en algunos pecios se siguen documentando contextos cerámicos tardoromanos. Sin embargo si se produce una intensificación de la explotación de la tierra, cediendo los pequeños centros productores como la Rumina el testigo a pequeñas villas, como la de la Rambla de los Terrreros, que experimentan su máxima vitalidad durante el siglo III d.C .


IMPORTANCIA DEL ESTUDIO CERÁMICO Y SU PRODUCCIÓN EN ARQUEOLOGÍA

La cerámica romana se nos muestra como uno de los mayores exponentes del desarrollo del mundo romano generando entorno a ella una cada vez mas emergente industria que origina una producción masiva donde factores como el religioso, el técnico y sobre todo el económico y comercial confluyen como un fenómeno indicador del estado de romanización de un territorio y de sus relaciones comerciales, a partir del estudio de las áreas y los índices de dispersión de los tipos cerámicos, ya sea por el litoral almeriense o por el interior, teniendo yacimientos cercanos como la rambla de los Terreros o Villaricos.

Por lo tanto la cerámica romana constituye el fósil director de mayor importancia dentro de los hallazgos muebles de nuestra excavación y un factor de primer orden dentro de la cronología relativa a la hora de datar. La amplia gama de productos que nos ofrece la industria cerámica romana proporciona al investigador un repertorio de formas, tipos, técnicas y decoraciones que trazan por si misma las líneas maestras de la evolución y del desarrollo del orbe romano y sus influencias.

La producción de cerámica romana ha sido tratada por los estudiosos del tema de forma dispar, apareciendo como único objeto de los especialistas en un principio la producciones de lujo (cerámicas de engobe negro o campaniense, paredes finas y, sobre todo, las sigillatas) mientras que las utilizadas como instrumento domestico (cocina, almacenaje, mesa ) han sido menos valoradas quizás por su carácter “vulgar” y menos estético, a pesar de ser mucho mas numerosas.

La cerámica catalogada como Común que es la que predomina en nuestro alfar, es considerada generalmente como la fabricada en los talleres locales para el uso doméstico y se distribuye en los mercados locales y regionales. El término de “cerámica común” al que nosotros preferimos dar el calificativo de “cerámica doméstica” resulta demasiado ambigüo y no ofrece una definición clara y homogénea. Para nosotros correspondería a la utilizada en el servicio de mesa (exceptuando la engobada y la sigillatas) y de cocina, tanto la empleada para labores meramente culinarias como las utilizadas en la preparación de los alimentos, incluyendo los recipientes cerámicos que sirven para su almacenaje y distribuida en el mercado local o regional.

Desde el punto de vista físico desde hace escaso tiempo la arqueología estudia con detenimiento los centros alfareros y toda aquella circunstancias que rodean los trabajos preliminares antes de la cocción tales como la extracción de la arcilla su preparación mezcla etc.. De la extracción de la arcilla no se tienen referencias escritas, a excepción de las noticias que encontramos en la Historia Natural de Plinio el Viejo; hay que suponer que sean productos del propio alfar ya que tampoco disponemos de estudios del transporte y el almacenamiento de arcillas, aunque tiene que existir zonas especiales donde se someterían al tratamiento y manipulación antes de comenzar a trabajar en ellas. Tras la depuración manual le sucedería la adición de agua y para ello en la existencia de balsetas o piletas de decantación como se han encontrado en alfares como el de la Maja en Calahorra (La Rioja) . Las distintas operaciones realizadas con las arcillas en los alfares son claves para la preparación del producto acabado y se llevaba a cavo con una serie de instrumentos, muchos de ellos de carácter especializado, que no siempre se han podido conocer.

En su generalidad, las cerámicas romanas se fabricaron a torno. Los alfareros se ayudaron de un sinfín de instrumentos, que junto con la esteca, pieza de madera o hueso para alisar, cortar, retocar y realizar otras múltiples operaciones, fueron elementos constantes en su trabajo, junto desbastadores y alisadores. Pero además del torno se utilizó el molde como en la fabricación de la terra sigillata. Los procedimientos de la elaboración de la cerámica fueron diversos pero no es motivo de este estudio el entrar en ellos y si en la descripción somera de la Estructura de Cocción u horno, del cual podemos encontrar una tipología en Beltrán Beltrán Lloris, Guia de la Cerámica Romana,1990, pp 23-24.

Los complejos alfareros solían estar establecidos en las afueras de las poblaciones, como prescribe el capítulo 76 de la ley de Urso, constando en esencia de las siguientes partes:

1 Praefurnium
2 Cámara de Fuego
3 Cámara de cocción


El praefurnium sirve para la alimentación del Horno y en su boca se organiza el fuego, cuya corriente de calor a través de la cámara se distribuye hacia el laboratorio superior de modo que la carga se encuentra totalmente aislada del fuego propiamente dicho.

El techo de la cámara de fuego (parrilla) hace de suelo del laboratorio y suele estar perforado por una serie de orificios cuya misión es canalizar el calor de dicha cámara, desalojándose los gases y humos por diversos respiraderos situados en la parte abovedada más alta del laboratorio.

Los materiales empleados en la construcción suelen ser ladrillos, barro y adobe, reutilizándose muchos productos de desecho del propio horno, como observamos en la zona Oeste del yacimiento. Esto conllevaba que los hornos se viesen sometidos a un constante servicio de mantenimiento una vez realizada las hornadas. Por lo que con toda seguridad existiría un trabajo por parejas o por zonas de los hornos que tendría como finalidad el funcionamiento constante sin perder el ritmo de producción. En el caso que nos ocupa nuestra zona de trabajo seria del tipo radial es decir una zona central de trabajo y carga de los hornos con sus zonas de limpieza y vertedero bien distribuidas.

Las fases fundamentales en el proceso de cocción son tres: preparación de los materiales, encendido y calentamiento y a continuación se efectúa el enfriamiento del horno y su vaciado. El tiro del horno se establecía mediante la entrada del praefurnium y los orificios de evacuación se obturan o liberan según conveniencias.

Por lo que respecta a las tipologías de los hornos se agrupan esencialmente en dos categorías:

1 Cámara de combustión de planta redonda o elíptica:
  A: De pilastra central
  B: De muros radiales o muro axial.
  C: De arcos.
  D: De corredor central.
2 Cámara de combustión de planta cuadrada o rectangular.
  A: De muro axial.
  B: De corredor central.
  C: De doble corredor.
  D: De doble corredor y doble praefurnium.



En nuestro caso el mejor de los hornos conservado, la Unidad de Cocción 5, correspondería al de una cámara de combustión de planta cuadrada o rectangular de doble corredor. Correspondería a la tipología 2.C de Beltrán.
Los hornos excavados en el alfar de la La Rumina se pueden encuadrar tipológicamente con los excavados en Tresse


CONCLUSIONES ARQUEOLÓGICAS DE LA INTERVENCIÓN


Las noticias recogidas previas a la intervención de la aparición de estructuras asociadas a complejos artesanales alfareros y la aparición en los primeros días de la cubierta de la cámara de fuego de un gran horno (que después definiríamos como Unidad de Cocción 5); nos llevó a orientar trabajos en la excavación para poder comprender la articulación del complejo artesanal en la totalidad del solar a excavar. Esto justifica nuestro propósito de plantear la excavación en área abierta en contraposición al sistema de excavación por catas.

Durante el proceso de recogida de información pudimos consultar la fotografía aérea que afectaba a nuestra zona gracias a un programa DINAMAP 2.00.8 donde localizamos el solara excavar pero sin poder distinguir en ella ningún indicio de resto arqueológico, ya que en el momento del vuelo en el que se realizó la fotografía la zona ya estaba densamente urbanizada.



Ya durante el proceso de excavación fuimos documentando distintos elementos propios de un alfar así como las fases que se habían sucedido en el complejo artesanal solar. Una vez analizados todas los datos recogidos a lo largo de los trabajos arqueológicos podemos reconstruir las fases que se documentan en el yacimiento.

Al primer momento de utilización del alfar pertenecen tres hornos cerámicos de pequeño tamaño que hemos denominado Unidades de Cocción 1, 2 y 3. Estos hornos no pueden identificarse como parte de un complejo alfarero si no están asociados a hornos de mayor envergadura o tamaño. Lo más probable es que estos hornos se reservaran para una producción secundaria y que estos estuvieran asociados a otros hornos de mayores dimensiones.

El segundo momento de ocupación romana del alfar es el que nos ha dejado una mayor información sobre la articulación del alfar y sus distintos elementos y también de la técnica constructiva utilizada para su construcción.

Se han definido muy bien tanto el suelo de uso de los alfareros de esta fase compuesto por tierra verdosa apisonada y nivelada que formaría un corredor que pondría en comunicación los distintos elementos del alfar: los hornos, el testar y la zona de vertedero

Tenemos identificados en el alfar y en esta fase tres hornos (Unidades de Cocción 4, 5 y 6) de mediano tamaño con sus Praefurnia dispuestos en línea y con una cota inferior a lo que sería la línea de suelo o zona de paso (UE 1007). Este rebaje de la cota de los hornos facilitaba su uso y se fabricaba una rampa y un corredor que ayudaba a los alfareros a cargar los Praefurnia de leña y material combustible para su posterior encendido.

En la zona más al sur de la parcela y junto al perfil aparece una gran concentración de cerámica fracturada (sobre todo material anfórico) o de cocción defectuosa. Hemos identificado la zona como el testar de la alfarería (UE 1004). El testar es la zona donde se acumulan todas las piezas cerámicas de cocción defectuosa, fracturadas o ya sin ninguna función; es, por tanto, un vertedero exclusivo de cerámica. Analizando la alta concentración de material anfórico encontrado en el testar podemos plantear la teoría de que la producción elaborada en estos hornos fuera precisamente ánforas. Aunque esto no podemos confirmarlo al cien por cien pues los hornos quizá deberían ser de mayor tamaño a no ser que satisficiera algún tipo de oferta local solamente.

Otra de las zonas claramente identificadas para esta fase es el vertedero de cenizas y cúpulas de horno (UE 1003). Se sitúa al Este de solar y no hemos podido excavarlo en su totalidad al perderse en el perfil Este y Norte y seguramente parte lo perdimos totalmente en la construcción de la misma C/ Vendaval.

La composición de este vertedero es de carbones, cenizas y adobes vitrificados, que son resultado de las distintas limpiezas de los Praefurnia de las Unidades de Cocción 4, 5 y 6 tras las cocciones de las cerámicas. También han aparecido concentraciones de adobe muy degradados y en algunas zonas quemadas o endurecidas. Se tratan de las distintas cubiertas de adobe de los hornos Unidades de Cocción 4, 5 y 6 que se retiraban tras las distintas cocciones para poder extraer toda la producción cerámica tras cada hornada. Encontramos estas cubiertas en medio del vertedero como montículos de adobe disuelto normalmente y de color amarillo.

Así podemos reconstruir una parte importante del proceso de elaboración cerámica. No podemos precisar ni el proceso de tratamiento de la arcilla, ni el proceso de fabricación de la pieza, ni el de secado antes de la cocción. Sólo conservamos restos estructurales asociados al proceso de cocción de las piezas. Esto nos lleva a plantear las dimensiones reales del complejo artesanal. La capacidad de los hornos debería ser alta; por otra parte, la disposición de los hornos en línea, nos indica que casi con toda seguridad se utilizarían a la misma vez. Se requieren una gran cantidad de piezas cerámicas para completar los tres hornos o incluso más, de los que se dispondrían en esta línea.

La ausencia de un mayor número de intervenciones arqueológicas en el paraje de La Rumina nos impide obtener una visión de conjunto que nos permita contextualizar más exactamente el yacimiento.

Los paralelos cerámicos con el yacimiento de la Rambla de Terreros son evidentes, en jarras con asas retorcidas, tapaderas de grandes dimensiones (que en nuestro caso, nos aparecen con una pequeña perforación), así como paralelos en las formas de cerámica común (paropsis, lebes, etc...). Esto nos lleva a pensar en la coexistencia cronológica entre los dos yacimientos, aunque la existencia del yacimiento de la Rambla de los Terreros se prolongara al menos dos siglos más que nuestro alfar.

La importancia de las estructuras encontradas parecen indicar la posible existencia de otras construcciones de cierta entidad en las proximidades de La Rumina y vinculadas directamente con ella y que hasta momento desconocemos.

Es descabellado pensar que este tipo de complejo artesanal descubierto (el conjunto de hornos) estuviera aislado. Debemos plantear la existencia en los alrededores de estructuras que completaran el complejo artesanal: cabañas, piletas de decantación de arcilla, almacenes etc… Asimismo deberá existir algún tipo de complejo viario que pusiera en circulación toda la producción cerámica bien por medios terrestres o marítimos para poder así la mercancía demandada muy posiblemente a nivel local.

Tampoco sería descabellado plantear la existencia de un núcleo urbano de cierta entidad en las proximidades. Gran cantidad de alfares romanos son construidos en el cinturón artesanal.