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Interpretación Histórica

La cultura calcolítica se desarrolla a lo largo del III milenio a. C perviviendo en el Sureste Peninsular hasta la Cultura del Argar. Lo que se conoce del Calcolítico en Lorcaprocede en su mayoría de las prospecciones realizadas sobre todo en el Valle del Guadalentín que han permitido documentar gran número de yacimientos dispersos por todo el valle. A pesar de estas prospecciones el estudio del poblamiento calcolítico en Lorca se enfrenta es la escasez de excavaciones en contextos de habitación. Este número importante de poblados calcolíticos indica un aumento fuerte de población respecto al período neolítico anterior del cual el número de yacimientos conocidos es mucho menor. Esta fuerte presencia se explica en parte por el entorno físico y por los condicionantes económicos. El Valle del Guadalentín constituye una cuenca rica en recursos (afloramientos de sílex, jaspe, cobre y hierro, además de por los recursos agropecuarios) e importante como centro de control de las vías de comunicación que unen el Levante y Andalucía Oriental. Las excavaciones llevadas en Lorca parecen documentar un poblado de considerable envergadura similar a otros del Valle del Guadalentín; dominando una vía de comunicación, ejerciendo el control de un vasto espacio dedicado a actividades agropecuarias y situado en ladera que se desarrolló durante la segunda mitad del tercer milenio a.C. en esta ladera de la Sierra del Caño.

Es en el actual casco urbano donde se atestigua los restos del poblado calcolítico más importante del valle del Guadalentín, cuya población ocuparía un espacio delimitado por el actual Barrio de San Juan, extendiéndose hacia las calles Juan Moreno, Cava y Abad de los Arcos. En intervenciones de urgencia realizadas en esta área se documentaron restos de hogares con acumulaciones de carbones, semillas carbonizadas y cantos rodados para calentar líquidos. En Rincón de Moncadase documentó un enterramiento calcolítico en covacha con dos individuos, aunque enterrados en momentos distintos, pero no muy distantes cronológicamente entre el momento de deposición del primer individuo y el segundo.

La comarca del Valle del Guadalentín ha sido considerada tradicionalmente como una de las áreas con menor densidad de poblamiento ibérico sobre todo hacia el sur tras el gran asentamiento de Las Cabezuelas en Totana. La parte central del curso del Guadalentín y especialmente el casco urbano de Lorca no había proporcionado restos arqueológicos de la importancia de los que si se conocían de época prehistórica, calcolítica y argárica, y descritos someramente en los apartados anteriores. Sólo se conocía gracias a prospecciones llevadas a cabo por el Museo Arqueológico Provincial de Murcia durante la década de los sesenta algunos fragmentos de cerámica ibérica y barniz negro hallados en el Castillo y las canteras de Murviedro. Sin embargo, y gracias a las intervenciones arqueológicas de urgencia llevadas a cabo en la propia ciudad de Lorca esta permitiendo definir un hábitat consolidado desde la segunda mitad avanzada del siglo V anterior a nuestra era. La excavación de catorce incineraciones ibéricas en la C/ Rubirael hallazgo de una necrópolis en la C/ Corredera, seguramente la misma que la de la C/ Rubira, la excavación de estructuras de poblado en Carril de Caldereros, Plaza de Juan Moreno, y C/ Cava 20-22, junto a recientes excavaciones en la calle Rubira, donde se ha continuado delimitando la necrópolis y el hallazgos de una zona de alfares en La Albercaha venido a documentar la existencia de un poblamiento ibérico de gran importancia en la ladera del Cerro del Castillo.

Excavaciones recientes en Rincón de Moncadahan puesto al descubierto nuevos restos de viviendas de época ibérica: se trata de una casa de época ibérica cuya cimentación es de cantos y sus muros de adobe, que aparecían derrumbados al interior. En la vivienda se documentó dos espacios divididos por un muro. Especialmente significativo ha sido la excavación en este yacimiento unos canales a los cuales les han recubierto las paredes con arcilla roja para proteger a la casa de las posibles avenidas de agua debido a la proximidad de esta a la rambla. El descubrimiento y excavación de la necrópolis a través de excavaciones de urgencia ha permitido conocer y valorar la entidad del poblamiento ibérico en Lorca capital. Esta necrópolis se extendería desde la Calle Álamohasta la Calle Rubira, extendiéndose por el sur hasta la calle Corredera.

Durante la romanización la población del cerro se traslado al llano. Se inicia un período de estabilidad política, económica y social en el que la población ocupa el llano y se inicia una explotación intensiva de éste. Antes de la conquista efectiva del territorio por parte de Roma ya se documenta el comercio por parte de los pueblos indígenas que habitan el valle del Guadalentín con los romanos. La llegada de los productos itálicos se generalizará al finalizar la segunda guerra púnica (206 a. C.); es en este contexto en el que se enmarcan algunas de las producciones campanienses que se han atestiguado a las diferentes campañas de excavación llevadas a cabo en el castillo asociadas al poblamiento ibérico que debió perdurar hasta al menos finales del siglo II a. C.

Este comercio, documentado también en el casco urbano (hallazgo de ánforas púnicas en la Alberca V), contribuyó a la creación de una zona de comercio, almacenamiento y distribución de los productos locales y de las diversas mercancías que llegaban de diversos puertos del Mediterráneo a través de Carthago Nova, Mazarrón, Águilas y Baria. Una de estas zonas de almacenamiento se documenta en La Alberca V, donde se hallaron habitaciones de planta circular donde se conservaban depósitos con abundantes ánforas completas que fueron amortizadas en el 175 a.C. La proximidad de Lorca a la Via Augustaprocedente de Carthago Nova generó un gran auge económico que es perceptible por la gran cantidad de cerámica de diferentes procedencias encontradas en las excavaciones en el casco urbano de Lorca. Estos materiales atestiguan que Lorca debió convertirse en un enclave mercantilístico, favorecido por su privilegiada situación, y con actividades secundarias relacionadas con la ganadería, agricultura alfarería y transformación de los metales.

La constatación arqueológica en el solar ha evidenciado arrastres con material cerámico que evidencian el resultado de esta presencia, pero sin que haya habido ninguna muestra constructiva asociada a estos momentos culturales.

Tras la disolución del califato y la Fitna, en el primer cuarto del s. XI, comienzan a perfilarse en al-Andalus numerosas taifas, constituidas como reinos independientes. Lorca pasa a depender sucesivamente de Almería, Valencia y Sevilla. Tras este período de inestabilidad se inicia un período de florecimiento cuando Lorca proclama su independencia para erigir un estado que se extendía por Lorca, Jaén y Baza, y posteriormente de Sevilla. Durante este tiempo disfrutaría de la capitalidad de un reino independiente y que pudo mantener la descendencia a través del gobierno de tres hermanos, los Banu Lubbum. El momento del auge cultural de la ciudad. Se tiene constancia de diversos sabios y poetas en la ciudad, que asentaron una tradición prolongada durante muchas décadas, como la de las familias Banu Battal y Banu Bistagir, el político intelectual Ibn al Yasa y Aben Alga. Tras este período, Lorca pasa a depender de la taifa de Sevilla, en vísperas de la invasión de los almorávides (1086-1090), con unas posibilidades económicas en crecimiento que mantenía los resortes de la época precedente. La inestabilidad musulmana de este momento, propicia la avanzada Castellana, que logra establecerse en 1085 en Aledo, ubicado en la serranía que se desarrolla al norte de Lorca, configurando un reducto cristiano dentro de la orbita musulmana que comienza a hacer presente de forma cotidiana, al encontrarse ubicado en el radio visual del castillo Lorca.

El peligro militar de los reinos cristianos llevo a algunos reinos taifas a pedir la ayuda de los almorávides, que dominaron la mitad sur de la península ibérica durante la primera mitad del siglo XII. Este pueblo, caracterizado por una interpretación estricta del Islam chocaría de frente con algunos de los reinos taifas andalusíes que incluyo llegarían a pedir ayuda a los reinos cristianos.

Sin embargo, no llegó la estabilidad debido a la presión que los almohades ejercían en el norte de África, las incursiones de Alfonso I de Aragón en 1125-1226 en tierras lorquinas, y las continuas sublevaciones y luchas civiles en al-Andalus. Para intentar devolver la estabilidad al antiguo territorio de Tudmir, Ibn Hud, rey de la taifa de Zaragoza, con su lugarteniente Ibn Mardaniz, lanzo un ataque con el fin de conquistar la zona. A la muerte del primero, Mardanix, conocido también como el rey Lobo, se proclamo rey de la taifa de Murcia.

Mardanix edificó un estado poderoso. Compró la paz a los reyes cristianos mediante tributos y extendió su reino por Al-Andalus chocando con los almohades, que a mediados del siglo XII ya dominaban la península ibérica (toma en 1147 de Sevilla).

Durante los aproximadamente 30 años que duró este reino, se invirtieron grandes cantidades de dinero en fortificación, comprar la paz a los cristianos y en prestigio (protección de la cultura como forma de prestigio). Esto motivó descontento social que pronto derivaron en traiciones. Este hecho junto a la fortísima presión militar de los almohades provocó que Lorca fuera conquistada en 1171.

La llegada de los almohades a Lorca coincidió con la aproximación de los cristianos. Esto motivó la fortificación de Lorca para proteger la bonanza económica que no había dejado de existir desde el siglo X. La madina y sus arrabales fueron amurallados, junto a las alquerías se erigieron fortalezas (Puentes, Nogalte, Feli, etc.).

Producto de esta política de fortificación, la configuración del núcleo poblacional islámico de Lurqa es el clásico de Al-Andalus en este momento, con una alcazaba fortificada en la parte más alta, asentada directamente sobre la roca, al pie estaría la madina amurallada, dispuesta en la ladera que actualmente ocupan los barrios de San Juan y Santa María, y en el extrarradio los arrabales, mientras que las zonas artesanales y los cementerios, siempre cercanos a las puertas, y en algunos casos dándoles nombres a estas,están separando a la ciudad de la fértil huerta poblada por casas y almunias.

En el interior de la ciudad se construyeron grandes muros de aterrazamiento, en las curvas de nivel de las laderas y paralelas a la muralla, se instalaron sistemas de alcantarillado bajo las calles, con una red de atarjeas y canalizaciones, como se ha documentado arqueológicamente. Nos encontramos en el arrabal de la mádina de Lorca en época almohade, el cual se debía extender por la zona Este de la c/ Cava, Plaza de España y Corredera, zona a la cual se pueden enmarcar los restos de estructuras pertenecientes a una casa del siglo XIII que pertenecería al mencionado arrabal. Esa estructuración de la ciudad en este momento permaneció en la época cristiana con ligeros cambios. Los otros restos del periodo islámico suponen un momento más temprano, pero que debido a las fuertes alteraciones del terreno no muestran una configuración definida de las estructuras aparecidas.

Para el momento postmedieval, en época moderna se ha documentado un departamento que corresponde a los planes de remodelaciones y renovaciones de los edificios de la planta urbana de la ciudad que iba a experimentas la ciudad en este periodo durante los siglos XV al XVIII. La falta de relación, a la vez que la no existencia, con otros espacios es debida a la construcción de la casa del s. XIX. La aparición de un nuevo tramado urbano a la vez que social es porque a partir del siglo XVI, Lorca deja de ser ciudad de frontera, las murallas comienzan a desaparecer y la ciudad se expande fuera de los límites marcados por los muros. Durante el siglo XVI las parroquias altas como Santa María, San Juan y San Pedro comenzaron una etapa de estancamiento, las parroquias bajas, surgidas mas recientemente Santiago y San Mateo experimentaron un rápido crecimiento, debido a su situación en la zona de expansión de la ciudad. En 1610 se produciría la expulsión definitiva de los moriscos, debido a las tensiones sociales que se venían arrastrando desde finales del siglo XIII. Con la construcción de la Iglesia de Santiago, en el lugar donde según la tradición había predicado Santiago el Mayor, durante el Siglo XVII, dicha parroquia comienza a ser lugar predilecto para el asentamiento de vecinos de mayor prestigio, dejando por tanto de ser un arrabal y afincándose en ella de diversa índole.

El periodo correspondiente al siglo XIX y XX, se trata de una casa de extensión considerable en su construcción, hoy perdida bajo los edificios actuales que se vio remodelada en numerosas ocasiones, dividiéndose durante el siglo XX el espacio que abarca el solar en dos viviendas independientes de dos pisos. Este tipo de caserones obedecen al desarrollo al que se vio favorecida la ciudad con el desarrollo agrícola de la comarca y de actividades industriales. Seguramente debía de contar la vivienda en sus orígenes con algún tipo de huerta fomentada por su cercanía al río y próxima a la entrada de la ciudad desde Levante, como se ha visto en otros ejemplos de la ciudad.

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