Interpretación Histórica

 

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Desarrollo

Interpretación histórica

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UE y UC

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Láminas de materiales

Archivo Fotográfico

Bibliografía

Créditos

Contexto histórico y geográfico

Situada Lorquí en la ribera izquierda del río Segura, su vinculación al río es determinante y así lo muestran las diversas norias que se encuentran en dicha población, con un alto valor etnológico e histórico. Una de ellas, la del "Rapaó", data del siglo XVIII y está considerada como monumento histórico-nacional. La riqueza de sus huertos, con copiosos frutos y hortalizas, ha desembocado en una industria conservera que ha dejado su huella en las numerosas chimeneas que dominan el paisaje de la población.

Por lo que respecta a las huellas arqueológicas de Lorquí, destaca el asentamiento ibérico en el Caserío de los Palacios que presenta continuidad a modo de villa en época romana, si bien se encuentra a tres kilómetros de la actual población (siglo I d.c.). Más cercano a Lorquí, se encuentra la villa de Altos Moros, donde se localiza una necrópolis romana de incineración, junto a una villa de carácter agrícola (s. II-III d.C.). Envuelta en la leyenda que la liga a la antigua Llorci de Escipión, existen dudas sobre si esta población se puede identificar o no con el antiguo topónimo, población que contempló como Escipión fue vencido por los cartagineses y enterrado en esta población. De esta leyenda en la actual localidad queda el gentilicio, ilorcitano, y el cerro que domina todo el pueblo, llamado "Cabezo de Escipión". Sin embargo, es creencia generalizada que Lorquí, proviene del árabe, como un adjetivo étnico, derivado de Lorca, de modo que, Lurquí o Lorquí significaría originario de Lorca.


Calle de los Huertos

Las referencias sobre esta población son relativamente escasas y muy imprecisas, envueltas muchas veces en la nebulosa que la tradición oral aporta a los relatos de la población ilorcitano. Cean Bermúdez señala la aparición de una necrópolis romana, y de monedas, ánforas, urnas cinerarias y una inscripción funeraria de Marco Terencio, hallada en el siglo XVIII. La Tesis de Belda Navarro recoge las mismas noticias que Cean y clasifica los hallazgos dentro de las instalaciones de una villa romana de carácter agrícola, que estaría localizada en el mismo lugar que ocupa la población actual.

Las obras del Museo del Teatro Romano ya están en marcha. Ayer, los operarios terminaron de apuntalar la parte lateral (la que da a la calle Subida de las Monjas) del palacio de Pascual de Riquelme, edificio protegido cuya antigua puerta se convertirá en el acceso principal del futuro museo de arte romano.

De la dominación árabe, sí que es mencionada esta población como dependiente de Ricote, y al igual que todas sus poblaciones vecinas dependió directamente de la ciudad de Murcia. En 1243 con el Pacto de Alcaraz por el que el reino musulmán de Murcia se ofrece en vasallaje al rey Fernando III de Castilla. Con la conquista cristiana a mediados de siglo XIII por parte del futuro Alfonso X y Jaime I la población cambia de dueño al igual que toda la Región, se inicia una política represiva que debilitó la presión demográfica islámica y que desencadenaría la sublevación de los mudéjares en 1264-1266. A fines del XIII, se tienen las primeras referencias sobre esta población, se firma la cesión en forma de señorío de la alquería a favor de Ramón y Guillén Alemán. Desde este momento se menciona como villa de población mudéjar, pasando primero a mano de los aragoneses y posteriormente, es entregada a la Orden de Santiago, de cuya cruz y renombre, queda el nombre de su patrón, la iglesia dedicada a Santiago Apóstol construida en el siglo XVIII y la cruz que preside su escudo actual. A mediados de siglo XV la población de Lorquí ya es villa, y los datos permiten establecer un número aproximado de población en torno a los 150 habitantes.

Características de los enterramientos

La doctrina jurídico-religiosa "malikí", debió ser la que comúnmente se siguió en Al-Andalus; preconizaba que las fosas no debían ser más profundas que la cintura de un hombre y debían cavarse en la misma tierra, sin obra hecha de yeso, ni fábrica en que se use barro, habiéndose de cubrir con ladrillos o piedras.

Los cadáveres se enterraban de costado, lo que permitía hacer fosas muy estrechas, con la cabeza al Sur y el rostro hacia La Meca. Podía señalar las sepulturas de las gentes más humildes una piedra tosca, sin labrar, hincada en la cabecera, sin letrero alguno. De esta austeridad sería buen ejemplo el cementerio de Lorquí. Estos enterramientos parecen obedecer a esta práctica, al menos en lo sencillo del ritual, y en muy escasos ejemplos se han encontrado algún elemento que indique la señalización de las tumbas (T8 y T9). Si bien no se descarta, que la señalización de las tumbas de Lorquí, se basara en elementos perecederos como pudiera ser la madera o el adobe, esto último muy probable por la gran abundancia de limos existentes en esta zona ribereña del Segura.

La estrechez de las tumbas justifica también, que en algunas ocasiones los cuerpos aparezcan forzados para ajustarse a las mínimas medidas de la fosa. Estrechez debida, sin duda, al interés por encajar al cadáver en dirección al Sur y con el rostro hacia La Meca, evitando cualquier tipo de desplazamiento inoportuno. Las inhumaciones de esta área sepulcral se realizan abriendo una sencilla fosa, de unos 30 o 40 cm de ancho y depositando al inhumado, si bien en muchos de los enterramientos, la similitud entre el relleno de las fosas y el estrato que rompen las mismas es total, impidiendo la correcta identificación de las fosas. En definitiva, la tierra que extraen al excavar las fosas, va a ser reutilizada para cubrir al cadáver en un posterior momento.

Las necrópolis musulmanas, no incluyen ajuar alguno por prescripciones coránicas, por lo que son zonas con escasa presencia de restos cerámicos. En nuestro caso, no se rompe, ni mucho menos, la excepción, siendo general la ausencia de ajuares, ritos cerámicos, hitos de señalización o cualquier signo de identificación de tipo social, evidencia el claro carácter rural y pobre de la población aquí inhumada. Si bien debemos destacar que en el enterramiento numero diez y concretamente en la zona del cuello ha aparecido un pequeño colgante de pasta vítrea que tenia una pequeña perforación en el centro y que con toda seguridad constituiría un amuleto contra el “mal de ojo”.

Los paralelos arqueológicos al cementerio hispanomusulmán de Lorquí son realmente muy abundantes, tanto dentro como fuera de la Región, debido a ese carácter austero que rige la mayor parte de los enterramientos musulmanes. Por ejemplo, en Murcia ciudad, bajo la plaza de Santa Eulalia (J. Aragoneses), en su nivel más antiguo de sepulturas; en la calle San Nicolás (J. Navarro, 1985); en la calle Polo Medina (I. Pozo, 1992); en Murcia región, en el cabezo de Algezar en Ricote (I. Pozo, 1990); en Alhama de Murcia (J. A. Martínez López, 1998); y fuera de Murcia, en Callosa de Segura (Alfosea Sáez, 1999); Vascos (Navalmoralejo, Toledo); Puerta de Toledo en Zaragoza (Galve Izquierdo, 1992); Puerta Purchena en Almería (Alcaraz Hernández, 1988), etc. En todas ellas, la extrema austeridad es la nota predominante y la ausencia de ajuares es generalizada, siguiendo la anteriormente citada costumbre malikita.

Situación

Como ocurría en época romana, las áreas sepulcrales hispanomusulmanas se solían colocar al exterior de las ciudades, siendo corriente su cercanía a las mezquitas, y su disposición al lado de los caminos principales que daban acceso a la ciudad con el fin de facilitar la comunicación espiritual con los difuntos y rendirles recuerdo en ciertos aniversarios. Incluso, era corriente que recibieran el nombre de las puertas junto a las que estaban ubicadas. Los cementerios no estaban delimitados por muros de cierre y eran lugares sagrados, sobre los que no se podía cultivar ni edificar, antes ni después. En el caso de Lorquí, la cercanía a la mezquita es patente, y su exacta localización en la antigua alquería, correspondería sin duda al camino de salida hacia la cercana población de Ceutí.


Materiales

La escasa cerámica recogida aparece muy fragmentada si bien la variedad es la nota predominante. Aparece la mayor parte de ella, sobre los niveles de enterramiento, muy mezclada, sin que se puedan sacar conclusiones cronológicas del todo precisas en función de la estratigrafía. Así, en un mismo estrato, encontramos cerámica medieval islámica del siglo XIII y cerámica moderna de los siglos XVII y XVIII.

El horizonte cerámico islámico queda representado por algunos fragmentos de cerámicas de cocina como marmitas, hornillos portátiles o cazuelas; fragmentos de cerámicas destinadas al almacenamiento y transporte, jarras, pintadas o no; fragmentos de cerámicas de mesa como los fragmentos de ataifores y jarritas y un buen número de tapaderas.

La ausencia de cerámica en el interior de las fosas de enterramiento es total, absoluta. Sin embargo, ha sido en el interior de uno de los enterramientos donde ha aparecido un curioso elemento pétreo que merece un estudio particular.

Situado en el cuello de la tumba nº 10, apareció durante el proceso de excavación un pequeño objeto pétreo, un colgante de forma de campana, con dos minúsculos orificios por el que se introduciría un fino cordón con el que se ató el colgante al cuello de este pequeño individuo, de no más de dos años de edad.

Estaríamos sin duda ante un pequeño amuleto apotropaico, con el cual se pretendería ahuyentar el conocido "mal de ojo" del pequeño infante islámico que fue enterrado en Lorquí.

Sobre este tema podemos encontrar bastante información, destacando un articulo de GARCIA, A. “ religiosidad popular y pensamiento mágico en algunos ritos del sureste español. Notas sobre el mal de ojo en la Edad Media “ VERDOLAY 3, 1991, 125-139. En época medieval habían dos tendencias dentro de los autores que realizaban estudios sobre el mal de ojo, unos que consideraban que se producía por la emisión de unosmalignos “rayos visuales” y otro que la degradación de las almas de las personas que provocan este mal contagia el aire que los rodea a través de los ojos, por ser estos de una materia más permeable. El método más común de defenderse contra el mal de ojo desde la Antigüedad es el uso de amuletos, ya que se considera que la primera mirada “la más dañina” estaría enfocada en estos objetos.

Los malikíes eran los adeptos de una de las cuatro escuelas de la jurisprudencia musulmana ortodoxa, basada en las enseñanzas de Malik ibn Anas (c. 795). También llamada escuela de Medina, el malikismo se caracteriza por su rigorismo, y se extendió enormemente por toda la Península Ibérica en los siglos VIII y IX y echó raíces en el Magreb a partir del siglo XIV.

 
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